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Artículo en el periódico El Huffington Post sobre el valor del silencio

Todos hemos sentido en algún momento de nuestra vida el valor del silencio. El silencio es reconfortante, calmante y sanador. Nos abre a la inspiración y nutre la mente, el cuerpo y el alma. No obstante, en nuestra sociedad, la locura del mundo ruidoso está ahogando nuestra creatividad, nuestra conexión interna y obstaculizando nuestra capacidad de recuperación. La ciencia ahora muestra que el silencio puede ser justo lo que necesitamos para regenerar nuestro cerebro y nuestro agotado cuerpo.

Los estudios demuestran que el ruido tiene un poderoso efecto físico en nuestros cerebros, causando niveles elevados de hormonas del estrés. El sonido viaja al cerebro como señales eléctricas a través del oído. Incluso cuando estamos durmiendo, estas ondas de sonido hacen que el cuerpo reaccione y active la amígdala, la parte del cerebro asociada con la memoria, la emoción y la sensación de peligro, lo que lleva a la liberación de hormonas del estrés. Por lo tanto, vivir en un ambiente ruidoso de manera regular hace que experimentemos niveles extremadamente altos de estas hormonas dañinas.

Los perjuicios del ruido

El ruido se relaciona con alta presión arterial, enfermedades del corazón y pérdida de sueño. Todos hemos experimentado los efectos perjudiciales de la contaminación acústica. El ruido excesivo puede ser un gran agravio para los sentidos físicos y, en la actualidad, cada vez más personas se identifican como altamente sensibles e incapaces de funcionar en entornos caóticos y ruidosos. Ahora la ciencia tiene la prueba no solo de que el ruido duele, sino también de que el silencio cura.

Los efectos del silencio

Los científicos no se propusieron activamente estudiar los efectos del silencio, sino que descubrieron sus beneficios por accidente. El silencio comenzó a aparecer en la investigación científica como una línea de base, para comparar los efectos del ruido o de la música. El médico Luciano Bernardi estudió los efectos fisiológicos del ruido y la música en 2006, haciendo un descubrimiento sorprendente. Cuando los sujetos de su estudio fueron expuestos a los tramos aleatorios de silencio entre el ruido y la música, experimentaron un poderoso efecto. Las pausas de dos minutos fueron mucho más relajantes para el cerebro que la música relajante o incluso el silencio más prolongado que hubo antes de que comenzara el experimento. De hecho, las pausas en blanco “irrelevantes” de Bernardi se convirtieron en el aspecto más importante del estudio. Uno de sus hallazgos clave fue que el silencio se ve aumentado por los contrastes.

De hecho, muchos de los que enseñamos meditación podemos atestiguarlo y aconsejamos a las personas que hagan frecuentes pausas meditativas a lo largo del día. Aunque podemos pensar en el silencio como falta de información, la ciencia dice lo contrario. El cerebro reconoce el silencio y responde a él positivamente. Una investigación posterior realizada por la bióloga regenerativa de la Universidad de Duke, Imke Kirste, descubrió que dos horas de silencio por día impulsan el desarrollo celular en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con la formación de la memoria, que además involucra a los sentidos.

Beneficios del silencio

En la época actual de sobreexposición digital, en la que nos sentimos abrumados por cantidades ingentes de información, desconectar toma mayor relevancia que nunca. Las investigaciones han demostrado que las demandas de atención constante de la vida moderna ponen mucho estrés en nuestro córtex prefrontal, la parte del cerebro responsable de tomar decisiones, resolver problemas y parar nuestros impulsos perniciosos, entre otras tareas.

Cuando pasamos tiempo solos en silencio, nuestro cerebro es capaz de relajarse y liberarse. El silencio alivia el estrés y la tensión tanto en el cerebro como en el cuerpo, nos ayuda a reponernos y nutre nuestros recursos cognitivos.

Los investigadores han descubierto que el silencio además contribuye a que las nuevas neuronas se integren en el sistema; y al experimentar el silencio, nuestro cerebro puede comprender mejor nuestros entornos internos y externos. Es en esos momentos cuando podemos dotar de sentido a nuestra vida y ganar perspectiva, algo que es vital para nuestro bienestar general.

 

Autora: Mónica Esgueva

Fuente: El Huffington Post (España y México)

 

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